Psicosis, adicción y vómitos crónicos: la marihuana se vuelve más potente y los adolescentes se enferman

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Al principio, su hijo no tenía problemas de salud mental y destacaba en la escuela. Pero con el tiempo empezó a consumir productos de marihuana de alta potencia varias veces al día, y esto, dijo Stack, “lo volvió completamente delirante”.

Cuando llegó la hora de ir a la universidad, había pasado por varios programas de tratamiento de adicciones. Se había vuelto tan paranoico que creía que la mafia lo perseguía y que su universidad era una base del FBI, dijo Stack. En un momento dado, tras mudarse de la casa de su infancia, amenazó con matar al perro de la familia a menos que sus padres le dieran dinero. Su madre descubrió más tarde que Johnny había obtenido su propia tarjeta de marihuana medicinal cuando cumplió los 18 años y había empezado a ser el traficante de chicos más jóvenes.

Tras varias estancias en hospitales psiquiátricos, los médicos determinaron que Johnny tenía un caso grave de abuso de THC, dijo Stack. Le recetaron un medicamento antipsicótico, que lo ayudó, pero luego dejó de tomarlo. En 2019, Johnny murió tras saltar de un edificio de seis pisos. Tenía 19 años. Unos días antes de su muerte, contó Stack, Johnny se había disculpado con ella, diciendo que la hierba había arruinado su mente y su vida, y agregó: “Lo siento, y te amo”.

Un estudio reciente descubrió que las personas que consumían marihuana tenían una mayor probabilidad de idear, planear e intentar el suicidio que las que no consumían la droga. Stack dirige ahora una organización sin fines de lucro llamada Johnny’s Ambassadors que educa a las comunidades sobre el cannabis con alto contenido de THC y su efecto en el cerebro de los adolescentes.

Puede ser difícil determinar con exactitud la cantidad de THC que entra en el cerebro de una persona cuando consume cannabis. Ello se debe a que no solo la frecuencia de consumo y la concentración de THC afectan a la dosis, sino también la rapidez con la que las sustancias químicas llegan al cerebro. En los vaporizadores, la velocidad de entrega puede cambiar en función de la base en la que se disuelve el THC, la potencia de la batería del aparato y cuán cálido se pone el producto cuando se calienta.

Las dosis más altas de THC son más propensas a producir ansiedad, agitación, paranoia y psicosis.

“Cuanto más joven eres, más vulnerable es tu cerebro a desarrollar estos problemas”, dijo Levy.



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